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La
privatización de las prisiones
Por
Carmelo Ruiz Marrero
Tomado de Claridad 13 al 19 de Marzo 1998
La privatización de los presidios no brinda ningún
ahorro a sus contribuyentes. Al contrario, la evidencia
muestra de manera contundente que las cárceles privadas
son una carga al erario, son magnetos de la corrupción
política y exacerban el problema de la violencia
penal.
La
mejor evidencia de esto es el historial funesto de la Correction
Corporation of America (CCA), la cual ya opera en Puerto
Rico. CCA, la compañía privada que más
cárceles opera en el mundo, es emblemática
de los problemas que genera la privatización de servicios
penales
Esta
compañia se distingue por su empeño brutal
en reducir sus costos de operación no importa cómo.
Una manera que ha encontrado la CCA de lograr esto es el
no ponerle torres de vigilancia ha las prisiones que construye.
Esto puede facilitar las fugas, pero para la CCA lo importante
es que si no hay torres de vigilancia se ahorran $2.5 millones
de los costos de construcción y se pueden eliminar
25 plazas de guardias a tiempo completo.
La
CCA prefiere construir sus propias prisiones tambièn
porque eso le permite reducir sus costos de muchas otras
maneras. Por ejemplo, así le es más facil
reemplazar guardias con cámaras de video.
El
presidio que la CCA está construyendo en Lawrenceville,
Virginia, tendrá un salón de control desde
el cual un solo guardia podrá supervisar tres 'cápsulas',
cada una con 250 reos. Cuando èsta carcel abra el
año que viene, sus 750 prisioneros tendrán
a cinco guardias supervisandolos de dia y dos de noche.
En
lugar de darles a los empleados las pensiones garantizadas
que se les dan a los empleados penales en sector público,
la CCA les ofrece acciones mediante lo que se conoce como
un 'employee stock ownership plan'. Esto es más riesgoso
para el empleado, pero más lucrativo para la compañía.
Siendo
el empleado un accionista y 'co-dueño', se elimina
todo incentivo para reivindicar derechos o unionarse. Su
única motivación es ayudarle a la compañía
a reducir sus costos aún más, para que así
rindan más sus acciones.
Empleados
de la CCA le informaron al reportero Eric Bates, quien hizo
un estudio detallado de las prácticas nefastas de
dicha coorporación para el seminario The Nation,
que hacían de todo para bajar sus costos operacionales,
como por ejemplo: no comprar materiales de limpieza y desatender
la atención mèdica y la alimentación
de los reos.
Un
ex-convicto que fue confinado en el South Central Correctional
Center de Tennesee, el cual es operado por CCA le dijo a
Bates que si hay en dicha cárcel una comida nutritiva
al mes, eso es mucho. Debido al afán de la CCA en
ahorrar dinero, la dieta ahí es de nada más
que papas majadas de la peor calidad, vegetales enlatados
y pizzas procesadas.
Sin
embargo, Trae ahorros al erario la privatización
de las cárceles, como dicen los partidiarios ideológicos
del neoliberalismo y de la mano dura contra el crimen? La
evidencia apunta hacia lo contrario.
La
oficina general de contabilidad de Estados Unidos (GAO)
concluyó en 1996 que los estudios hechos hasta entonces
no muestran evidencia sustancial de ahorro para los contribuyentes
como resultado de la privatización de presidios.
El gobierno estatal de Tennesee llevó a cabo su propia
investigación sobre este asunto en 1995 y determinó
que la CCA no le había ahorrado practicamente nada
al estado.
Según
Bates "Para una compañía carcelaria como
CCA, los 'ahorros' (del sector público) no son más
que la tajada de las ganancias que se le da al estado, otro
gasto a costa del 'bottom line' y que por lo tanto se debe
mantener a un mínimo, al igual que los salarios.
A fin de cuentas, el privatizar las prisiones no es más
que la privatización del dinero de los contribuyentes
y la transformación del dinero público en
ganancia privada.
Las
condiciones en las que viven los presos en las carceles
privatizadas son por lo general más horrendas aún
que en las del estado.
Inspectores
penales de la British Prison Officers Association estuvieron
horrorizados cuando vieron cómo eran tratados los
presos en el campamento de trabajo forzado ('work farm',
como le dicen los americanos) de Silverdale en Tennesee,
operado por la CCA. El propio jefe de seguridad de la facilidad
le dijo que los presos 'problemáticos' eran amordazados
con cinta adhesiva, y que en una ocasión un confinado
casi muere por asfixia debido a esa práctica.
Los
investigadores estuvieron más espantados aún
al ver el centro de detención de inmigrantes ilegales
que la CCA opera en Houston. Ahí vieron inmigrantes
encerrados en dormitorios, que paracían almacenes
de carga, donde se les mantenía hasta por 23 horas
al día.
En
la prisión de Silverdale, Rosalin Bradford, una confinada
embarazada de 23 años de edad, murió de una
complicación que no había sido diagnosticada.
Bradford agonizó por 12 horas porque en su esmero
por reducir sus costos, la CCA ni siquiera se dignó
en llevarla a un hospital.
En
Febrero de 1997 el gobierno estatal de Carolina del Sur
se rehuso en renovarle a CCA un contrato para operar una
institución juvenil cuando se supo que en èsta
algunos jóvenes eran amarrados y encadenados como
si fueran animales domèsticos.
Por
otro lado las cárceles privadas no reducen el problema
de la criminalidad y la violencia tras los barrotes. En
el año fiscal 96-97 la prisión de South Central
reportó sobre 50 por ciento más incidentes
violentos que las facilidades estatales de Tennesee. South
Central tiene tambièn más problemas de drogas,
contrabando y violencia que los precidios estatales.
Las
fugas tambien son un verdadero problema con la privatización.
Cuando dos prisioneros se escaparon de una cárcel
de la CCA en Houston, Texas, el pasado mes de agosto, la
compañía ni siquiera se molestó en
buscarlos, dejándoles ese trabajo a las autoridades
públicas locales. Cuando fueron recapturados no se
les pudo formular cargos por fuga, ya que no es un crimen
escapar de una facilidad privada.
A
pesar de todas estas barbaridades, las fortunas de la CCA
van mejorando continuamente. Ha sido por tercer año
consecutivo una de las cinco inversiones de mayor rendimiento
en la bolsa de valores de Nueva York. El valor total de
sus acciones han aumentado de $50 millones en 1986 a $3.5
billones el pasado mes de octubre. Actualmente se está
expandiendo el mercado global, abriendo operaciones en Puerto
Rico, Inglaterra y Australia.
Con
el apoyo de las poderosas firmas bancarias Lehman Brothers
y Paine Webber, la CCA creó una subsidiaria llamada
CCA Prison Realty Trust, la cual se dedicará a especular
con prisiones como si fueran parcelas de bienes raices.
Este
èxito se debe en parte a la impresionante pala política
que tiene esta corporación. Su fundador Thomas Beasley
dirigió una vez el partido republicano de Tennesee
y es buen amigo del ex-gobernador Lamar Alexander. Alexander
y su esposa son accionistas de la CCA.
Entre
los empleados de la firma figuran J. Michael Quinlan, quien
dirigió el Buró Federal de Prisiones bajo
la administración de Bush. La junta directiva tiene
a Joseph Johnson, ex-dirctor ejecutivo del Rainbow Coalition,
el cual apoyó las ambiciones presidenciales de Jesse
Jackson.
Un
reciente informe de Paine Webber sobre la industria carcelaria
tiene el título de "El Crimen Paga". Los
accionistas de CCA seguramente están de acuerdo